El progreso de las sociedades actualmente se basa en cuanta extracción de recursos naturales son capaces de procesar, y /o convertir en objetos útiles que facilitan la vida de las personas. Es así que han transcurrido más de 250 años desde el comienzo de la revolución industrial, donde más invenciones han visto la luz, donde el comercio internacional fue determinante para que países se acercaran a la modernidad.
Para que estas invenciones fueran diseñadas, probadas y exploradas, fue necesario de un sinfín de científicos, físicos, médicos, y muchas otras disciplinas, que desde su vereda exploraron las bondades de la naturaleza. Estas condiciones fueron las que llevaron a normalizar conductas como la intervención del orden natural del planeta. Prácticas como la mezcla de diversos metales para crear aleaciones nuevas, crear materiales basados en polímeros, deforestación no controlada, inserción de especies invasoras en ecosistemas prístinos, modificación genética de flora, quema de combustibles fósiles para impulsar el movimiento de motores e industrias.
En algún punto, las personas se olvidaron de la contemplación y los principios de no intervención de la naturaleza. Ese fue el principio del fin.
Actualmente, contamos con un #ecosistema dañado, desequilibrado, donde se lucha día a día por recuperar y regenerarse, pero no se consigue, ya que las economías siguen depredando y carcomiendo cada recurso natural que queda. Si no está entre sus límites, se tranza con un país vecino que si cuenta con dicho recurso, y que es necesario para seguir produciendo bienes, venderlos a otras sociedades que aún no cuentan con industrias propias para abastecerse.
Esto es por una razón …….
El progreso está asociado con la cantidad de recursos naturales que puedes procesar y vender, con cuanto dinero se puede reportar al PIB, cuanta capacidad de inversión puede contar un Estado. El modelo de tradicional de producción está basado en PRODUCIR – COMPRAR – TIRAR, en este último ciclo, es donde se generan la mayor parte de los desastres naturales que generan consecuencias de cientos de años.
La realidad que enfrentamos en consecuencia, es el calentamiento global, el alza de temperaturas, el aumento de la acidez del mar, perdida de biodiversidad, derretimiento de polos, mega desastres naturales, sequías, incendios , inundaciones, pobreza, hambre, desigualdad social, islas de basura, contaminación de tierra, y así podríamos estar un día entero nombrando las consecuencias negativas.
Pese a todo lo descrito, estamos a tiempo. Como lo describe la Fundación Ellen MacArthur, existe un modelo alternativo de progreso, la Economía Circular, que busca el cambio e incorporación de variables ambientales en los procesos productivos, lo que a su vez inspire a dejar de vincular el progreso social con el consumo excesivo de recursos naturales, y reducir el impacto de estas actividades en el Medio Ambiente.
Para que se haga efectiva esta transición acelerada a este nuevo modelo económico, debe existir un esfuerzo colectivo entre los distintos actores de la sociedad: comunidad, grupos intermedios y Estados para que sea una realidad.
La educación ambiental será fundamental para encausar acciones vinculantes con la recuperación del planeta, generar instancias de debate, charlas y encuentros serán vitales para que se formen estas alianzas. En el ideal, están las acciones dentro del hogar, donde se incentive el uso de productos que estén alineados con la no-contaminación, que las empresas sigan la circularidad en sus operaciones y que el Estado tenga un rol promotor activo de las ideas que vayan en dirección a proteger la biodiversidad local, ya sea en forma de recursos físicos o inmateriales. Todo esto garantizará el éxito hacia una economía circular y la mitigación del impacto ambiental.


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